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La resiliencia es una aspiración natural de las políticas. Un aspecto de la resiliencia es la capacidad de recuperarse rápidamente de choques adversos, evitando así sus efectos dañinos en el producto y el empleo. Las políticas tradicionales enfatizan la importancia de la resiliencia y exhortan la existencia de amortiguadores, como pueden ser garantías prudenciales en el sector privado o la capacidad de modificación de políticas públicas. Estos amortiguadores sirven para revertir las dinámicas adversas de los choques.
No obstante, la capacidad de resistir choques no basta para tener resiliencia económica. La crisis financiera sirvió como recordatorio de un segundo aspecto de la resiliencia: la economía debe lidiar con desbalances financieros. Estos desbalances, generados por la implementación de políticas y actividades del sector privado, son distintos de los choques y se acumulan a lo largo del tiempo hasta volverse insostenibles, provocando desestabilidad o, incluso, una crisis financiera al intentar corregirlos.
Además de la existencia de amortiguadores contra choques, las políticas fiscal, monetaria y prudencial deben complementarse en corregir la acumulación continua de desbalances financieros y atenuar los efectos en el resto de la economía que puedan surgir de dicha acumulación.
(Texto en inglés)
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